Tercera y última entrada del día, así si dejo todo listo ya.
Me alegra mucho la toma de conciencia entre algunas partes de la juventud dominicana y de la visión revolucionaria que ha adoptado mucha gente. Pero esas palabras se están usando muy a rienda suelta. Aunque revolución no signifique necesariamente violencia, sí implica un tipo de acción súbita hacia un objetivo específico. Revelarse y buscar cambios "contra los males de la sociedad dominicana" es muy vago en esencia y dejarle esa tarea a los "jóvenes" le quita la responsabilidad a una gran parte de la población.
Los famosos males de la sociedad dominicana son muchos y están muy arraigados en nuestra estructura. Por eso el cambio no está solamente en manifestaciones, grafitis, estatus de facebook y (bueno, lo admito) en entradas de blog. El cambio está en los grupos que deshacen el tremendo disparate que la cúpula permite en la base; en reestructurarnos, que no hacemos nada reclamándole a autoridades sordas y ciegas si somos pocos, fácilmente distraibles y con un listado de exigencias tan amplio que abarca todo y nada.
El asunto está en que ya hay que hacer más que dar a conocer problemas. Ahora debemos darnos cuenta de que estamos tan mal que también necesitamos crear nosotros mismos las soluciones. No es dejar el mal impune, es darse cuenta de que el cambio necesita un empujón más grande del que quisiéramos. Nuestro país no tiene todavía una democracia tan desarrollada que lo único que necesitemos sea hacer manifestaciones. Por ejemplo, los grupos de protesta pueden también crear programas de educación, de reforestación o de limpieza*. Pueden hacerse grupos regionales que se encarguen de ciertas tareas en cada parte del país. Se puede iniciar una campaña informal invitando a la población a que ceda el paso, a que sea más amable, etc. En fin, lo que se llama en inglés un grassroot movement, el movimiento que empieza con comunidades pequeñas y que se va haciendo cada vez más y más grande.
Repito, son demasiadas cosas por cambiar. Dividamos las tareas pero trabajemos en conjunto. Me encantan las historias de revolución pero hay que aceptar que en Latinoamérica por lo menos, el modelo no ha sido muy fructífero. Quizás es que le haga falta otro flanco, otro grupo que actúe y cambie por sí mismo eso que tanto se denuncia.
* Totalmente posible. Tengo que empezar a reclutar gente.
Carmen es una persona que cuando habla casi no articula pero que sí gesticula mucho. Le interesa mucho el tema del cambio social aunque su haraganería y sus deseos ocultos de pertenecer a un grupo pseudo-intelectual francés de inicios de siglo limiten sus acciones para lograrlo a simples entradas en un blog.
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martes, 21 de septiembre de 2010
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